Mi abuela estaba preparando una manualidad utilizando un molde de flores… y aunque por fuera el empaque parecía igual a los demás, cuando lo abrimos nos dimos cuenta de que aquel molde era único.
Mujer que lees esto, tal vez alguna vez te han dicho: “Tú te pareces a alguien que conozco”. En otras ocasiones quizás te han comparado con un familiar o una figura pública. Pero hoy vengo a recordarte algo… ERES ÚNICA
La huella de tus dedos, la textura de tu cabello y la forma de tu sonrisa no se repiten exactamente en ninguna otra persona.
De la misma manera, el Señor te ha creado y te ha entregado un propósito único.
Tal vez te has preguntado:
“Señor, ¿pero qué puedo hacer yo? ¿Cómo puedo cumplir tu voluntad?” Dios hizo tus manos y te llamó a servir al prójimo: a cocinar para quien lo necesita, coser, escribir, orar y mucho más.
Eso que tú sabes hacer con excelencia —limpiar una casa, invitar a un grupo de amigas a tomar café, utilizar las redes sociales con facilidad— puede ser exactamente aquello que Dios quiere usar para bendecir a otros...
Mujer que lees esto, NO TE COMPARES ¡ERES ÚNICA!
De ese molde único, Dios quiere que brote un jardín lleno de flores, frutos de justicia y colores regados por el río de Dios.
La Palabra nos recuerda en Efesios 2:10 NTV “Pues somos la obra maestra de Dios, Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.”
Él te creó de nuevo en Cristo Jesús, para hacer cosas buenas para SU GLORIA