Miraba un collar que me pongo diariamente enredado con un nudo… enrollado aunque estaba en el lugar donde siempre suele estar en las mañanas. Mientras lo observaba me llego el pensamiento: Señor, ¿por qué TU pueblo es tan fácilmente atado?
Observaba al pueblo de Dios tan enfermo y entendí… que una de las cosas que más ata al creyente son las palabras que pronuncia sobre sí mismo y sobre los demás.
Proverbios 6:2 dice “Te has enlazado con las palabras de tu boca, y has quedado preso en los dichos de tus labios.”
En tus palabras hay PODER. Por la mente pasan muchísimos pensamientos, y la mayoría no vale la pena atenderlos. Si a los cuervos no se les alimenta, dejan de volar sobre un árbol frondoso, así mismo los malos pensamientos. Ahora, cuando comenzamos a alimentarlos, se multiplican y comienzan a hacer nidos. De la misma manera, los pensamientos que alimenta el creyente terminan convirtiéndose en las palabras que salen de su boca.
Proverbios 18:21 dice “La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.”
Dios le ha dado al creyente la capacidad de dar vida o muerte a través de su lengua.
Detente hoy y pregúntate: ¿Qué estoy hablando sobre mi, mi esposo y mis hijos? ¿Cómo me comunico?
Muchas veces lo que estas viendo es el fruto de tus palabras.
Evita la queja y la murmuración, porque por ambas daremos cuentas a Dios y veremos sus consecuencias a nuestro alrededor.
Mateo 12:36–37 dice “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.”
Medita en la Palabra de Dios, habla vida y piensa en las cosas de arriba. Comenzarás a ver cómo todo a tu alrededor se transforma. Romanos 4:17 dice “y llama las cosas que no son, como si fuesen.”
Por eso, cuida lo que permites permanecer en tus pensamientos y lo que sale de tus labios. No alimentes pensamientos que produzcan temor, queja, murmuración o tristeza. Alimenta tu mente con la Palabra de Dios y permite que de tu boca salgan palabras de fe, vida y esperanza.